Diario de una alumna por Cristina Galdeano

Diario de una alumna por Cristina Galdeano

octubre 20, 2016
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Me he pasado más de 13 años sin poder hablar. Suena angustioso ¿no es cierto? Para ser exactos, la mitad de mi vida; pues ya cuento 27 inviernos y, por suerte, hace ahora algo más de un año que esa tortura llegó a su fin.  A veces ocurre que el encuentro más fortuito puede desencadenar en una serie de sucesos inesperados de los que ya se dan casi por imposibles y que además, acaban devolviéndole a una la vida, en el sentido más trascendental de la palabra.

A finales del 2014, una gran amiga tuvo la brillante idea de compartir conmigo su último atrevimiento: ¡clases de danza del vientre! (y digo ‘atrevimiento’ porque aventurarse a bailar no es cualquier cosa…) Cuando escuché aquellas palabras, no cabía en mi asombro. El año anterior a esto, en Granada, ya hice el intento de asistir a clases de danza oriental; sin embargo, el horario académico jugaba poco a mi favor…

diario-de-una-alumna-por-cristina-galdeanoMi religión es que ‘las casualidades NO existen’. Llamadme fundamentalista; no os falta razón. Pero cosa de un día o dos antes de encontrarme con mi querida Delia, me había decidido a retomar la danza y había empezado a rastrear en la red algún sitio donde poder buscar esa conexión que había perdido tanto tiempo atrás. Desafortunadamente yo, que de paciencia ando escasa y de habilidades tecnológicas, ni hablemos, abandoné pronto el buscador de internet y aparqué mi tarea para otro día. Desde luego, el mejor de mis aciertos. No dejéis que Google os cuente algo con lo que un ser querido podría bendeciros de una forma tan divina. Así fue como supe de María Salas y Cristina Samaniego.

Con el año nuevo llegaron los propósitos; y el mío, como no podía ser de otra forma, era volver a bailar. Tomé clases de ballet clásico durante 7 años cuando era  una niña, justo después de abandonar los dos que llevaba de piano. Siempre he sido bastante introvertida y creo que la melodía es algo que durante toda mi vida me ha ayudado a fluir. Esto era lo que conseguía en esas clases. Por razones ajenas a mi voluntad, aquella melodía llegó a su fin y con el piano que formulaba su existencia, se apagó mi ilusión. 13 años sin poder bailar han sido 13 años sin poder hablar. Así que un día después de que Nuestras Majestades, los Reyes Magos de O-r-i-e-n-t-e nos visitaran, cogí el teléfono y llamé a Cristina. ¡Eureka!, pensé. Conforme la escuchaba darme información, iban rebrotando mis alas. Cuando colgué me inundó la emoción de una forma que no recordaba. Era como si de pronto hubiera crecido dentro de un pequeño frasco de cristal que se había roto y mis músculos y mi piel se habían hecho elásticos y a la vez muy resistentes. Un cuerpo que anhelaba Ser y expresarse se vio súbitamente transformado en una sonrisa llena de dicha y pasión; unos ojos destilando vida.

De esta guisa aparecí en la escuela un 8 de enero. Yo aquel día no andaba, ¡volaba! El fénix había resurgido de entre sus cenizas. Esa era yo, un fénix a diario-de-una-alumna-por-cristina-galdeano
punto de despegar su nuevo vuelo. Clase de prueba. Técnicamente fue frustrante, emocionalmente fue una delicia y causalmente, motivadora donde las haya. –‘¿Vas a quedarte?’ Inquirió Cristina cuando acabó la clase. ‘Sí, sí; ya lo creo’, respondí. Ese primer día ya empezamos a coreografiar la pieza de fin de curso. FIN DE CURSO. ESPECTÁCULO. PROYECTO. Se respira complicidad desde el minuto uno. Sacar un proyecto adelante. Uno en común con Cristina y cada una el suyo propio. Es una estructura conjunta y armónica que se sustenta gracias a la energía que todas y cada una de nosotras vertimos en ella. Es algo de lo más mágico que se pueda sentir. Es pura energía femenina desarrollándose perfecta a la vez que deliberada. ESCENARIO. ¿Lo habéis probado? No apto para personas con poca voluntad, tendencias dependientes y/u obsesivas. Es una droga. Engancha. Decía Oscar Wilde que ‘la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella’, y no seré yo quien discuta semejante premisa. Adrenalina para sacudir el mundo, ese mundo que en ese momento se siente a tus pies. Sois ese poder y tú. Es una fuerza arrolladora y peligrosa, porque se puede anteponer a tu voluntad, evidentemente; pero tienes que tener muy claro que quien manda eres tú y tienes que tener predisposición suficiente para dominar la situación y lo que es tanto o más importante, disfrutar. Podría ser la única vez que lo vivieras, así que tienes que procurarte tu propia victoria y satisfacción. En esos momentos juega un instinto casi egoísta y con cierto tinte animal.

diario-de-una-alumna-por-cristina-galdeanoAunque nos sabemos individuos, más aun somos animales sociales y necesitamos, en mayor o menor medida, del grupo para sobrevivir. Pero la danza no
es para sobrevivir. La danza es para VIVIR, para vivirla, para expresarse y manifestar todo cuanto somos y no somos. La danza proyecta nuestra luz y alumbra nuestras tinieblas para que dejen de ser tinieblas. Nos permite hablar y hablarnos. Volcarnos hacia nuestras profundidades y dejar salir nuestro amor y nuestras tormentas. Es el medio de comunicación más maravilloso que existe. Se centra en el propio Ser y busca la comunión con su entorno, la armonía y el equilibrio y, además, lo hace por medio de la belleza. Bailar es buscar la coherencia con lo que ‘se Es’ y con lo que ‘se es’. Diluye nuestras máscaras y cristaliza nuestra esencia. Bailar es poder decir aquello que no tiene palabras con las que ver la luz. La danza es una vibración mucho más sutil que el lenguaje verbal y es por ello que es capaz de hacer manifiestas ideas imposibles de dilucidar. Bailar es sublimar en un éxtasis nuestra existencia.

Hoy, casi un año y medio después de embarcarme en esta aventura vital, solo quiero poder compartir con quienes lean esto cómo ha sido mi experiencia con la danza y en la escuela de Cristina, igual que hizo mi amiga conmigo. A Delia le debo su compartir y el detonante; a Cristina y a María, la inspiración de mi lenguaje. Puede que muy pronto sea capaz de hacer de estas palabras movimiento. Gracias de corazón.

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